El oxígeno es uno de los elementos más determinantes para que una herida pueda cerrar correctamente. Cada paso de la reparación tisular —desde la limpieza inicial hasta la formación de nuevo tejido— depende de que las células reciban una cantidad suficiente de oxígeno. En las heridas crónicas, como las úlceras venosas, las úlceras por presión o el pie diabético, esta disponibilidad suele estar comprometida. La falta de oxígeno, conocida como hipoxia, bloquea la evolución normal de la herida, mantiene la inflamación activa y aumenta el riesgo de infección.

Para comprender su papel, basta con observar lo que ocurre dentro del tejido lesionado. El oxígeno es esencial para:
Cuando el oxígeno es insuficiente, estas funciones se ralentizan y el tejido pierde capacidad de defensa y de regeneración.
La hipoxia crea un círculo vicioso que explica por qué algunas heridas crónicas permanecen semanas o meses sin avanzar. La herida se estanca porque no recibe el oxígeno necesario; el tejido se vuelve más vulnerable; aumentan la inflamación y la carga bacteriana; y cualquier signo de infección puede acentuarse. Este proceso, frecuente en heridas que parecen “bloqueadas”, demuestra que corregir la hipoxia puede ser clave para reactivar la cicatrización.
Durante los últimos años, varias terapias han intentado corregir la falta de oxígeno en tejido crónico. Las dos estrategias más estudiadas son:
Consiste en exponer al paciente a oxígeno a alta presión en una cámara hiperbárica, con el fin de aumentar la cantidad de oxígeno que llega a la sangre y a los tejidos. Su uso se reserva para heridas complicadas con isquemia o infección severa.
Administra oxígeno directamente sobre el lecho de la herida mediante dispositivos especializados. Una revisión sistemática y metanálisis reciente, publicada en 2024 en International Wound Journal, analizó la eficacia de la oxigenoterapia tópica como tratamiento complementario en heridas crónicas. Los autores observaron que la proporción de heridas cicatrizadas fue claramente mayor en los pacientes que recibieron oxígeno tópico frente al cuidado estándar, con un aumento significativo de la tasa de cierre y una reducción del área de la herida.
Estos resultados apoyan el uso de la oxigenoterapia tópica como terapia coadyuvante en úlceras crónicas, especialmente en aquellas con compromiso vascular, como las úlceras diabéticas o por presión.
Aunque los resultados de la investigación son prometedores, no todas las heridas crónicas responden del mismo modo al oxígeno. Un informe de evaluación de tecnologías sanitarias elaborado por CADTH subraya que la selección del paciente es determinante: las terapias basadas en oxígeno funcionan mejor cuando existe evidencia real de hipoxia tisular, cuando la herida permanece estancada pese a cuidados adecuados y cuando el tratamiento se integra dentro de un plan global que atiende la causa de fondo.
Las terapias basadas en oxígeno no se aplican de manera indiscriminada, pero pueden resultar especialmente beneficiosas en aquellos casos donde la hipoxia desempeña un papel destacado. Un ejemplo evidente es el pie diabético, donde la combinación de neuropatía, alteración vascular y un entorno inflamatorio persistente reduce el aporte de oxígeno al tejido. Mejorarlo puede reactivar un proceso de cicatrización que lleva tiempo detenido.
También pueden ser útiles en las úlceras venosas, donde la congestión crónica y la presión venosa elevada crean un ambiente poco favorable para la regeneración. Aportar oxígeno ayuda a restablecer la actividad celular y favorece la reparación del tejido.
Lo mismo ocurre en algunas úlceras por presión, sobre todo aquellas que permanecen estancadas a pesar de cuidados adecuados. En determinados casos, incrementar la oxigenación del lecho de la herida contribuye a crear un entorno más favorable para que el tejido responda.
Las heridas isquémicas, en pacientes con enfermedad arterial o alteraciones vasculares localizadas, son otro escenario donde la corrección de la hipoxia puede aportar beneficios. Aquí el oxígeno actúa como apoyo dentro de un plan más completo, que incluye mejorar la perfusión y corregir factores vasculares.
Por último, existen heridas que simplemente no avanzan a pesar de un buen tratamiento. Evaluar si existe hipoxia local y si el tejido puede beneficiarse de la oxigenación es una herramienta útil para desbloquear su evolución.
Aunque estas terapias despiertan cada vez más interés, su indicación nunca debe improvisarse. Las heridas crónicas requieren una valoración experta, capaz de determinar si realmente existe hipoxia, si la herida está estancada y si el paciente puede beneficiarse de oxígeno tópico o hiperbárico. Los equipos especializados integran estas terapias dentro de un plan completo que incluye el control del exudado, el manejo del biofilm, el desbridamiento regular y la corrección de factores sistémicos que dificultan la cicatrización.
Esta supervisión profesional es esencial para evitar retrasos innecesarios y para asegurar que cada intervención, incluida la oxigenación, contribuya realmente a la recuperación.