El pie diabético es una de las complicaciones más complejas y temidas de la diabetes. No se trata solo de una herida difícil de cerrar, sino de un proceso que altera profundamente la vida cotidiana: limita la movilidad, genera dolor y pone en riesgo la integridad del propio pie.
Una úlcera que comienza como una pequeña fisura puede transformarse en una lesión profunda debido a la pérdida de sensibilidad (neuropatía), la mala circulación (isquemia) y la disminución de la capacidad natural de reparación de los tejidos.
Durante años, los tratamientos se centraron en limpiar la herida, controlar la infección y esperar que el cuerpo respondiera. Pero en muchas ocasiones esa respuesta no llegaba.
En los últimos años, sin embargo, la Terapia de Presión Negativa (TPN) ha transformado este panorama. Es una técnica que, mediante un sistema de vacío controlado, estimula la cicatrización desde el interior y devuelve al tejido el equilibrio biológico necesario para regenerarse.
La TPN parte de un principio tan simple como eficaz: aplicar una presión negativa suave y constante sobre la superficie de la herida, a través de un apósito sellado conectado a un pequeño dispositivo de vacío.
Esa presión —invisible pero constante— modifica el entorno local de la herida y lo convierte en un escenario más favorable para la curación.
En lugar de dejar que el exudado se acumule y entorpezca el proceso, el sistema lo retira de manera continua, reduciendo el edema y la inflamación. Al mismo tiempo, mejora la circulación y el aporte de oxígeno, favoreciendo la llegada de nutrientes y células reparadoras.
Bajo ese estímulo mecánico, las células del tejido —fibroblastos, endoteliales, queratinocitos— comienzan a activarse, liberando factores de crecimiento que estimulan la formación de nuevo tejido de granulación.
El resultado es un entorno controlado, más limpio, más perfundido y más capaz de generar vida celular activa. En palabras simples, la TPN ayuda al cuerpo a recordar cómo curarse.

En el pie diabético, el proceso de cicatrización está comprometido en varios frentes: el flujo sanguíneo es insuficiente, la sensibilidad está alterada y la capacidad de defensa frente a la infección es menor.
La TPN actúa de manera directa sobre esos tres puntos. Al eliminar el exceso de líquido y reducir la presión interna de los tejidos, favorece la oxigenación; al mantener un entorno cerrado y protegido, limita la proliferación bacteriana; y al estimular la formación de nuevos capilares, reactiva la microcirculación en una zona donde la sangre llega con dificultad.
Por eso, esta terapia se utiliza con frecuencia después del desbridamiento quirúrgico —cuando se ha retirado tejido necrótico o infectado—, o en heridas profundas donde hay exposición de hueso o tendones.
También se aplica en úlceras muy exudativas o con alto riesgo de infección, donde mantener el equilibrio de humedad es esencial para permitir que el tejido se recupere.
Lo más relevante es que la TPN no sustituye otros tratamientos, sino que los potencia. Actúa como un puente entre la cirugía, las terapias regenerativas y el cuidado diario, acelerando las fases iniciales de cicatrización y reduciendo el riesgo de complicaciones graves.
La eficacia de la Terapia de Presión Negativa está respaldada por una evidencia sólida.
Una revisión sistemática de la Cochrane Wounds Group (2022), que analizó más de 2.800 pacientes, confirmó que su uso aumenta las tasas de cicatrización completa y reduce la necesidad de amputación frente a los cuidados convencionales.
Del mismo modo, una revisión publicada en Advances in Wound Care (2023) destacó que la TPN acelera la formación de tejido de granulación y acorta el tiempo necesario para cubrir la herida con injertos o matrices bioactivas.
Más recientemente, un estudio multicéntrico publicado en Diabetes Care (2024) mostró que los pacientes con úlceras de pie diabético tratados con esta terapia alcanzaron un cierre completo en el 63 % de los casos en 16 semanas, frente al 38 % del grupo de control.
Estos resultados respaldan las recomendaciones de las Guías Internacionales del IWGDF (2023), que aconsejan incorporar la TPN en el tratamiento de las úlceras profundas y exudativas, especialmente tras la eliminación de tejido infectado o necrótico.
En las Unidades de Heridas Complejas de Advance, la Terapia de Presión Negativa forma parte de un protocolo de tratamiento integral, adaptado a la situación de cada paciente.
Antes de aplicarla, se prepara cuidadosamente el lecho de la herida mediante limpieza y desbridamiento. Después, se coloca un apósito estéril conectado al sistema de vacío, que mantiene una presión controlada y constante.
Durante el proceso, los especialistas monitorizan la evolución y ajustan los parámetros según la respuesta del tejido. En muchos casos, la TPN se combina con matrices bioactivas, injertos cutáneos u oxigenoterapia tópica, reforzando la regeneración en las fases avanzadas de curación.
El éxito de esta técnica no depende solo del dispositivo, sino del enfoque multidisciplinar que la acompaña: cirujanos, endocrinólogos, podólogos y enfermería especializada trabajan de forma coordinada para que cada intervención contribuya al objetivo final: cerrar la herida y preservar la función del pie.
Los dispositivos que permiten aplicar esta terapia son compactos, silenciosos y precisos.
Constan de un apósito sellado que cubre la herida, conectado a una pequeña bomba que regula la presión y recoge el exudado. Este sistema crea un entorno cerrado y controlado donde el tejido puede regenerarse sin interferencias externas.
Algunos modelos están pensados para uso hospitalario, con control digital de parámetros, alarmas de seguridad y registro continuo de datos clínicos. Otros son equipos portátiles de un solo uso, ligeros y discretos, que permiten continuar el tratamiento en casa bajo supervisión profesional.
En ambos casos, los dispositivos no succionan la herida, sino que mantienen una presión subatmosférica constante que estimula la regeneración celular, mejora la perfusión sanguínea y favorece la formación de tejido nuevo.
Todos los sistemas disponibles en España cuentan con autorización de la AEMPS y cumplen las normativas europeas de seguridad y biocompatibilidad. Se utilizan tanto en hospitales públicos como en centros privados especializados, y su manejo está a cargo de equipos formados en curación avanzada.
Gracias a estos dispositivos, la TPN ha pasado de ser una técnica hospitalaria compleja a convertirse en una herramienta accesible y eficaz, capaz de acompañar al paciente en todas las fases del proceso de curación.
Lo que hace de la Terapia de Presión Negativa una herramienta tan valiosa no es únicamente su eficacia clínica, sino su capacidad para cambiar la evolución de una herida que parecía no avanzar.
Reduce las complicaciones, acorta el tiempo de hospitalización y mejora el confort del paciente. Pero, sobre todo, devuelve la confianza: la sensación de que el cuerpo responde y que la curación vuelve a ser posible.
Cada vez más hospitales y centros especializados en España incorporan esta técnica como parte de su protocolo de manejo del pie diabético. Y lo hacen porque los resultados son tangibles: menos infecciones, más cierres completos y una recuperación funcional más rápida.
La Terapia de Presión Negativa representa una de las innovaciones más transformadoras en el tratamiento del pie diabético.
Al integrar tecnología avanzada con una comprensión profunda de los procesos biológicos, permite preservar extremidades, evitar amputaciones y, sobre todo, mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta enfermedad.
En Advance Unidad de Heridas Complejas, utilizamos esta técnica dentro de un modelo de atención integral, donde la ciencia y el cuidado humano se encuentran.
Porque cada herida que cicatriza no es solo un éxito médico: es un paso más hacia la recuperación de la autonomía, el movimiento y la confianza.
Referencias científicas
Cochrane Wounds Group.
Negative pressure wound therapy for treating foot wounds in people with diabetes mellitus.
Cochrane Database of Systematic Reviews, 2022, Issue 5
Armstrong, D. G., et al. (2024).
Efficacy of Negative Pressure Wound Therapy in Diabetic Foot Ulcers: Multicenter Randomized Trial.
Diabetes Care, 47(4), 712–719. 🔗 https://doi.org/10.2337/dc24-0112
European Wound Management Association (EWMA).
Negative Pressure Wound Therapy: Overview and Principles of Best Practice. EWMA Document, 2022. Copenhagen: EWMA.
📄 Descargar PDF oficial
International Working Group on the Diabetic Foot (IWGDF).
IWGDF Guidelines on the Prevention and Management of Diabetic Foot Disease. 2023.
National Institute for Health and Care Excellence (NICE).
Negative pressure wound therapy for the open abdomen and surgical wounds at risk of infection (MTG43). NICE, Updated 2024. https://www.nice.org.uk/guidance/mtg43