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Las úlceras venosas y arteriales parecen similares, pero su origen y tratamiento son opuestos. Descubre cómo diferenciarlas, entender su causa y prevenir recurrencias con una valoración vascular experta.

Unidaddeheridascomplejas

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Diferencias entre una úlcera venosa y una úlcera arterial

Hay heridas que no avisan. Un día aparece una pequeña zona enrojecida en la pierna, un picor, una costra que no termina de cerrar… y, con el paso de las semanas, aquello que parecía un rasguño se convierte en una herida profunda, dolorosa y difícil de curar.
En ese momento surge una duda frecuente: ¿Es una úlcera venosa o una úlcera arterial? A simple vista pueden parecer similares, pero su origen, su evolución y su tratamiento son completamente distintos. Comprender esa diferencia —que nace en lo más profundo de la circulación— es esencial para curarlas correctamente y, sobre todo, para evitar que reaparezcan.

Infografía médica que explica qué es una úlcera venosa y cómo se forma, mostrando una pierna con varices, cambios circulatorios y un corte transversal de la piel con la vena afectada.
Proceso de formación de una úlcera venosa: fallo valvular, aumento de presión y daño progresivo de la piel.

Qué son las úlceras vasculares

Las úlceras vasculares son heridas crónicas que se desarrollan como consecuencia de un trastorno en la circulación sanguínea, ya sea por exceso o por defecto de flujo.
En la úlcera venosa, el problema está en el retorno de la sangre hacia el corazón: las venas no logran drenar con eficacia, la presión aumenta y los capilares se dilatan, hasta que los tejidos comienzan a dañarse por estasis y falta de oxigenación.
En la úlcera arterial, ocurre lo contrario: la sangre no llega adecuadamente. Las arterias se estrechan u obstruyen por placas de ateroma, reduciendo el aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos, que finalmente necrosan.

El resultado final —una herida abierta— puede ser similar, pero las causas fisiológicas, el tratamiento y el pronóstico son completamente distintos.

 

Características de la úlcera venosa

Las úlceras venosas son las más frecuentes. Suelen aparecer por encima del tobillo, especialmente en la zona interna de la pierna.
La piel, castigada por la presión venosa, se vuelve oscura, brillante, algo endurecida y, ante un pequeño traumatismo o roce, puede abrirse y formar una herida.
Son lesiones húmedas, de bordes irregulares, con abundante exudado y tejido de granulación. El dolor suele ser leve o moderado y disminuye al elevar la pierna, lo que mejora el retorno venoso.

“La piel tiene memoria”, explica Mercedes Fraile de Bustos, enfermera especialista en heridas crónicas y quirúrgicas. “Cuando las venas no drenan bien, la piel se inflama, se vuelve frágil y ante el menor estímulo puede ulcerarse. Por eso es fundamental tratar no solo la herida, sino la insuficiencia venosa que la origina.”

Características de la úlcera arterial

Las úlceras arteriales son menos frecuentes, pero suelen ser más dolorosas y de evolución más lenta. Aparecen en zonas distales como los dedos, el talón o los bordes del pie, donde la circulación es más débil. La piel presenta un aspecto pálido, frío y sin vello, con pulsos apenas perceptibles.
Las heridas son secas, profundas, con bordes bien definidos y, en ocasiones, cubiertas de tejido necrótico oscuro. El dolor es característico: intenso, punzante, persistente y empeora al elevar la pierna, ya que disminuye la llegada de sangre.

“Las úlceras arteriales son heridas que se asfixian lentamente”, comenta Mercedes Fraile. “El tratamiento debe centrarse en recuperar la perfusión antes de pensar en curas locales. Ningún apósito podrá sustituir a la sangre que no llega.”

 

Diferencias clínicas y visuales clave

Aunque ambas se engloban como úlceras vasculares, existen diferencias claras en su presentación:

Aspecto Úlcera venosa Úlcera arterial
Causa Retorno venoso deficiente Flujo arterial insuficiente
Ubicación Tobillo o parte baja de la pierna Dedos, talón, borde del pie
Aspecto Húmeda, bordes irregulares Seca, bordes definidos
Color de piel Marrón, edematosa Pálida, fría, sin vello
Dolor Leve, mejora al elevar Intenso, empeora al elevar
Pulsos Conservados Débiles o ausentes

No obstante, en la práctica existen formas mixtas (arteriovenosas), donde coexisten ambos mecanismos. Estas requieren especial atención, ya que su manejo combina estrategias de ambos tipos.

Un estudio publicado en SAGE Journals (2024) analizó más de un centenar de casos y mostró que, aunque las úlceras venosas representaban el 74 % y las arteriales el 24 %, las úlceras mixtas —que suponían apenas el 5 %— alcanzaron una tasa de curación del 93 %, frente al 74 % de las venosas y el 41 % de las arteriales. Este hallazgo subraya la importancia de un diagnóstico diferencial preciso, capaz de identificar los componentes vasculares combinados que determinan el pronóstico.


Diagnóstico y pruebas complementarias

El diagnóstico de una úlcera vascular comienza con una historia clínica detallada y una exploración física exhaustiva. En Advance, cada paciente se valora de forma integral: enfermedades previas, medicación, hábitos, antecedentes de cirugía o tabaquismo. Todo influye en la evolución del tejido.

A continuación, se realizan pruebas específicas para conocer el origen exacto de la lesión:

  • Índice tobillo-brazo (ITB): compara la presión arterial en las piernas y los brazos. Un valor bajo sugiere compromiso arterial; un valor alto con edema, una alteración venosa.
  • Ecografía Doppler: muestra el flujo sanguíneo en tiempo real y permite identificar obstrucciones o reflujo venoso.
  • Angio-TAC o arteriografía: ofrecen una visión precisa de las arterias, imprescindibles para planificar revascularizaciones o intervenciones.

“Estas pruebas no son un mero procedimiento técnico”, señala Mercedes Fraile de Bustos. “Constituyen una herramienta esencial para determinar el tipo de alteración vascular y definir el abordaje más adecuado. Cada resultado aporta información decisiva que orienta la estrategia terapéutica y permite actuar con precisión desde el inicio.”

 

Tratamiento médico y cuidados de enfermería

El abordaje de las úlceras vasculares es multidisciplinar y personalizado. No se trata solo de cerrar la herida, sino de restaurar la función circulatoria alterada.

En las úlceras venosas, el pilar terapéutico es la terapia compresiva (vendajes multicapa, medias elásticas o sistemas específicos), combinada con curas avanzadas que controlen el exudado, protejan la piel y estimulen la cicatrización. En las úlceras arteriales, la prioridad es restablecer el flujo sanguíneo, mediante fármacos vasodilatadores, procedimientos endovasculares o cirugía reconstructiva.

“El cuidado enfermero especializado traduce la teoría en resultados clínicos reales”, afirma Mercedes Fraile. “No se trata solo de aplicar apósitos, sino de interpretar la evolución del tejido, aliviar el dolor y acompañar al paciente durante todo el proceso.”

En Advance, el seguimiento fotográfico digital permite evaluar objetivamente la evolución y ajustar el tratamiento cuando es necesario. Tecnología y conocimiento clínico se combinan para lograr resultados seguros y sostenibles.

 

Prevención de recurrencias de úlceras arteriales y venosas

Una úlcera que cicatriza no siempre significa que el problema esté resuelto. En las patologías vasculares, la prevención es esencial para evitar recaídas.

En las úlceras venosas, la clave está en mantener el retorno venoso: uso adecuado de medias de compresión, ejercicio moderado, control del peso y evitar la inmovilidad prolongada.
En las úlceras arteriales, la prevención se centra en mantener la perfusión: dejar de fumar, controlar la diabetes y la tensión arterial, proteger los pies de roces y mantener la piel bien hidratada.

El estudio de SAGE Journals (2024) demostró que las tasas de curación se correlacionan directamente con la adherencia a los programas de seguimiento: 74 % en úlceras venosas, 41 % en arteriales y 93 % en mixtas.

En Advance, los planes de alta incluyen educación al paciente, revisiones periódicas y control digital fotográfico, porque prevenir una úlcera no es solo evitar una herida, sino conservar la movilidad y la calidad de vida.

 

Ver más allá de la herida

Distinguir entre una úlcera venosa y una arterial no es un tecnicismo: es una decisión clínica que puede evitar dolor, complicaciones e incluso amputaciones. Comprender su origen permite actuar con precisión, restaurar la circulación y favorecer una cicatrización eficaz.

En Advance – Unidad de Heridas Complejas, cada paciente recibe una atención integral basada en tecnología diagnóstica, evidencia científica y acompañamiento humano.

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