Cuando una persona sufre una quemadura, la piel pierde su función de barrera y la zona dañada queda con una demanda de oxígeno mucho mayor de la que los vasos sanguíneos pueden aportar. En ese contexto, la oxigenoterapia —ya sea en cámara hiperbárica o aplicada como oxígeno tópico sobre la herida— se convierte en una herramienta terapéutica capaz de acelerar la cicatrización de quemaduras y reducir complicaciones.
Cuando el tratamiento hiperbárico no está disponible, o el caso no lo requiere, la oxigenoterapia tópica (TOT), también conocida como difusión continua de oxígeno (CDO), ofrece una alternativa accesible, segura y eficaz. Su principio es sencillo: llevar oxígeno directamente al tejido que lo necesita, manteniendo alrededor de la herida un microentorno rico en oxígeno que favorece la regeneración y la epitelización.
La oxigenoterapia tópica consiste en aplicar oxígeno médico sobre la superficie lesionada mediante dispositivos portátiles o apósitos sellados que liberan el gas de forma controlada.
A diferencia de la oxigenoterapia hiperbárica —que actúa a nivel sistémico—, la terapia de oxígeno tópico actúa de manera local, creando un microambiente favorable a la cicatrización de las quemaduras.
Este oxígeno adicional estimula a los fibroblastos, favorece la angiogénesis (formación de nuevos vasos) y ayuda a controlar la inflamación. En otras palabras, acelera el proceso natural de reparación cutánea tras una quemadura.
Además, el oxígeno ejerce un efecto bacteriostático, inhibiendo el crecimiento de bacterias en el lecho de la herida, lo que reduce el riesgo de infección. En estudios clínicos recientes también se ha observado menor dolor durante las curas y mejor evolución de zonas donantes de injertos.

Aunque muchos estudios se han centrado en heridas crónicas (úlceras venosas o pie diabético), los mecanismos de cicatrización son comparables.
Una revisión (Advances in Wound Care, 2023) concluye que el oxígeno tópico favorece la formación de tejido y reduce el tiempo de cierre en quemaduras superficiales e intermedias.
Por su parte, una revisión Cochrane (2022) sobre oxigenoterapia hiperbárica en quemaduras señala resultados consistentes: mayor tasa de cicatrización y menor riesgo de complicaciones en entornos especializados.
La EWMA (2023) coincide en que la oxigenoterapia —hiperbárica o tópica— debe considerarse terapia adyuvante dentro de un tratamiento integral (cuidado local, curas avanzadas, desbridamiento y, cuando corresponde, cirugía reconstructiva).
El beneficio es mayor en quemaduras superficiales o de espesor parcial, donde la oxigenoterapia tópica puede acelerar la epitelización y mejorar el confort.
En quemaduras más profundas o extensas, la oxigenoterapia hiperbárica ayuda a mejorar la viabilidad tisular y favorecer la integración de injertos cutáneos.
También puede aplicarse en zonas donantes para reducir dolor y acortar la recuperación, y en pacientes con diabetes, tabaquismo o enfermedad vascular, que cursan con peor oxigenación tisular.
En todos los casos, la indicación debe formar parte de un plan multidisciplinar valorado por unidades de heridas complejas o de quemados.

Beneficios documentados: mejor oxigenación local, cicatrización más rápida, menor infección y mejor integración de injertos/colgajos; muchos pacientes refieren menos dolor y menos tiempo de curas.
Limitaciones: la hiperbárica requiere instalaciones y personal entrenado; la oxigenoterapia tópica depende de colocación adecuada y adherencia. La indicación debe basarse en valoración clínica individual y recursos disponibles.
Aplicadas por profesionales, ambas son seguras.
En hiperbárica, los efectos adversos más frecuentes son leves (barotrauma, claustrofobia). Contraindicaciones absolutas: neumotórax no tratado y ciertas infecciones pulmonares activas.
En oxigenoterapia tópica, los efectos son mínimos; vigilar maceración si el apósito no se maneja bien.
Tanto la UHMS como NICE (2024) recomiendan su uso en entornos supervisados y con seguimiento médico.
El éxito no depende solo de la tecnología, sino de la organización clínica.
Las Unidades de Heridas Complejas manejan protocolos estandarizados, criterios de derivación y equipos interdisciplinarios para aprovechar el potencial terapéutico del oxígeno tópico y de la hiperbárica.
El tratamiento se coordina con cirugía plástica, fisioterapia, nutrición y soporte psicológico. Se monitorizan tiempo de epitelización, evolución de injertos, dolor y estancia, ajustando estrategias con precisión clínica.
El campo avanza con dispositivos portátiles de oxígeno continuo, sensores que miden oxigenación tisular y apósitos bioactivos con liberación controlada de oxígeno.
Se estudian combinaciones con terapia de presión negativa (TPN/NPWT), células madre o factores de crecimiento, buscando sinergias para una cicatrización más rápida.
Según EWMA (2023) y la OMS (2024), el futuro del tratamiento de quemaduras pasa por una medicina personalizada y preventiva, donde la tecnología complementa el cuidado humano.
Más allá de cámaras y dispositivos, la oxigenoterapia representa algo esencial: devolver oxígeno a la piel.
Para quien sufre una quemadura, cada avance —una herida que se seca, un injerto que prende, una piel que se cierra— es un símbolo de esperanza.
Administrado con conocimiento y empatía, el oxígeno no solo favorece la cicatrización de quemaduras, también repara la confianza. En manos de equipos expertos, puede marcar la diferencia entre una recuperación lenta y una vuelta a la vida.
Referencias
NICE. Burns and Scalds – Clinical Knowledge Summaries. Updated 2024. https://cks.nice.org.uk/topics/burns-and-scalds