Las heridas crónicas son aquellas que no siguen el proceso normal de cicatrización en tres meses o más y muchas veces permanecen “estancadas” en fases tempranas, lo que constituye un desafío clínico y de calidad de vida para la persona afectada.
Esta falta de evolución se debe, entre otros factores, a la hipoxia tisular —una escasez de oxígeno en los tejidos— que limita la actividad celular necesaria para reparar el daño.

El oxígeno es imprescindible para la actividad de los fibroblastos, la formación de nuevos vasos (angiogénesis) y la síntesis de colágeno, que son procesos esenciales para que una herida se cierre de forma adecuada.
Cuando el oxígeno no llega en cantidad suficiente a la herida —algo habitual en personas con mala circulación, diabetes o úlceras venosas—, el proceso cicatrizal se ralentiza o bloquea.
La oxigenoterapia tópica se refiere a distintas formas de aplicar oxígeno directamente sobre la herida o en su entorno inmediato, en lugar de depender exclusivamente de la oxigenación sistémica a través de los pulmones.
Existen varias aproximaciones terapéuticas que han evolucionado en los últimos años, desde la administración de oxígeno puro hasta sistemas que facilitan su difusión o liberación.
Este enfoque utiliza formas purificadas de hemoglobina aplicadas directamente sobre la herida para captar oxígeno del ambiente y facilitar su transporte hacia el tejido, especialmente en heridas donde la perfusión es limitada.
Se ha observado que, al integrarse como parte de un tratamiento estándar, puede favorecer la cicatrización, particularmente en úlceras del pie diabético y úlceras venosas, aunque la evidencia científica varía según el tipo de herida y el dispositivo concreto.
Desde la práctica clínica, Montserrat del Peso, enfermera de heridas complejas, explica que suele emplearse cuando se busca “reactivar una herida que muestra granulación pálida y bordes poco activos”, especialmente en lesiones superficiales o moderadamente profundas con signos de hipoxia local.
En esta modalidad, el oxígeno se administra de forma sostenida directamente sobre el lecho de la herida, creando un microambiente rico en O₂ que favorece los procesos celulares implicados en la cicatrización.
Dentro de este grupo se incluyen sistemas portátiles capaces de generar o administrar oxígeno directamente sobre la herida, lo que permite su uso tanto en entorno hospitalario como domiciliario. Estos dispositivos forman parte de lo que se conoce como difusión continua de oxígeno (CDO).
Ensayos clínicos publicados y revisados por pares han mostrado que esta modalidad puede reducir el tamaño de las heridas, mejorar las tasas de cierre completo y disminuir la necesidad de tratamiento sintomático adicional en determinados pacientes con heridas crónicas.
Según señala Montserrat del Peso, este enfoque se considera cuando se necesita “un estímulo más constante en el tiempo”, especialmente en heridas más profundas, con inflamación persistente o con cicatrización muy comprometida.
Como subraya, la elección no es automática: “Más que pensar en cuál es mejor, pienso en cuál se ajusta mejor a la situación biológica concreta de esa herida”.
La oxigenoterapia tópica está indicada cuando una herida crónica no progresa pese a un manejo adecuado y existe evidencia de que el tejido no está recibiendo oxígeno suficiente.
En la práctica clínica, se considera especialmente en heridas que llevan semanas o meses estancadas, con tejido viable pero inactivo, y en las que otros factores clave —como la infección no controlada, la presión mantenida o la causa vascular subyacente— están siendo gestionados.
Desde su experiencia, Montserrat del Peso describe con claridad este escenario como heridas que “llevan semanas —a veces meses— en un estado de aparente inmovilidad”, en las que el tratamiento etiológico ya está optimizado pero el tejido no consigue activar una granulación consistente.
En este tipo de contexto, ha observado que tras introducir oxígeno tópico “el lecho empieza a adquirir un aspecto más vital en pocos días”, lo que cambia la dinámica evolutiva.
Estudios clínicos han observado beneficios de la oxigenoterapia tópica en úlceras del pie diabético, úlceras por presión y úlceras isquémicas cuando se usa como parte de un plan integrado de cuidados.
Por el contrario, no está indicada como primera opción en heridas agudas, en heridas con infección activa no controlada o cuando la causa principal de la herida no ha sido abordada.
Desde la experiencia del paciente, la oxigenoterapia tópica suele ser bien tolerada y no suele causar dolor. Los primeros cambios suelen observarse a nivel del tejido: un aspecto más rosado, con signos de que el proceso biológico se ha reactivado.
Montserrat del Peso explica que uno de los signos más tempranos es que el lecho “pasa de ser apagado… a mostrar un rojo más vivo y homogéneo”, con una granulación más estructurada.
Estos cambios no siempre implican un cierre inmediato, pero sí indican que la herida ha salido del estado de bloqueo.
La investigación clínica respalda de manera creciente que la oxigenoterapia tópica puede ser una herramienta útil en la cicatrización de heridas crónicas, particularmente en aquellos casos en los que existe hipoxia tisular persistente y la terapia convencional no ha sido suficiente.
Además de estudios individuales, análisis revisados por pares han observado que la terapia tópica de oxígeno puede:
Un comentario importante es que, aunque los resultados son consistentes, la calidad y cantidad de estudios varía según la tecnología y la herida analizada, por lo que la indicación debe valorarse siempre de forma individualizada.
Estas publicaciones nos dicen algo muy importante: no hay oxígeno tópico “universal” ni una solución milagrosa. La utilidad real aparece cuando la elección del dispositivo y su aplicación están adaptados a las características de la herida, su etiología y las condiciones del paciente.
La oxigenoterapia tópica no sustituye a tratamientos fundamentales como el desbridamiento cuando está indicado, el control de la infección o la corrección de la causa subyacente. Su verdadero valor reside en usar el recurso adecuado para la herida adecuada, dentro de un plan de tratamiento personalizado y supervisado por profesionales con experiencia en heridas complejas.
Desde la experiencia del paciente, la oxigenoterapia tópica suele ser bien tolerada y no suele causar dolor. Los primeros cambios suelen observarse a nivel del tejido: un aspecto más rosado, con signos de que el proceso biológico se ha reactivado. En muchas heridas crónicas, el objetivo inicial no es cerrar de forma inmediata, sino volver a poner la herida en marcha.
La oxigenoterapia tópica no es una solución milagrosa, sino una herramienta terapéutica con respaldo académico que puede marcar la diferencia entre una herida que permanece estancada y otra que, poco a poco, recupera la capacidad de cerrar.
Entender cuándo está indicada permite tomar decisiones informadas y realistas, pero también más tranquilas: saber que se está haciendo lo mejor posible para favorecer la cicatrización sin promesas infundadas, sino con criterios basados en evidencia científica.
No. La oxigenoterapia tópica no sustituye a los tratamientos fundamentales de una herida crónica, como la limpieza adecuada, el control de la infección, el desbridamiento cuando está indicado o el tratamiento de la causa que originó la herida (por ejemplo, problemas circulatorios o presión mantenida).
La evidencia científica coincide en que su eficacia aparece cuando se utiliza como parte de un abordaje integral, no como una terapia aislada. Revisiones publicadas en revistas como International Wound Journal y Advances in Wound Care destacan que el oxígeno tópico puede mejorar el entorno de la herida, pero solo funciona si el resto de factores están correctamente controlados.
No existe un plazo único, y este es un punto importante para ajustar expectativas. En la mayoría de los estudios clínicos, los primeros cambios observados no son un cierre inmediato de la herida, sino mejoras en la calidad del tejido, como un aspecto más rosado, mayor vitalidad o reactivación del proceso de cicatrización.
Ensayos clínicos con oxígeno tópico continuo en úlceras del pie diabético han descrito cambios significativos a partir de varias semanas de tratamiento, comparados con el tratamiento convencional solo (Diabetes Care, International Wound Journal). El objetivo inicial suele ser sacar a la herida del estancamiento, más que cerrarla de forma rápida.
No. Aunque pueda resultar tentador pensar que “más oxígeno siempre es mejor”, la realidad clínica es más matizada. La oxigenoterapia tópica no está indicada en todas las heridas, y su utilidad depende del tipo de herida, del estado del tejido y del contexto general del paciente.
Por ejemplo, puede ser útil en heridas con hipoxia local y mala perfusión, pero no aporta beneficio claro si existe una infección no controlada o si la causa principal de la herida no se ha corregido. Revisiones sistemáticas publicadas en Wound Repair and Regeneration subrayan que la selección adecuada del paciente es clave para obtener resultados.
En general, la oxigenoterapia tópica se considera segura y bien tolerada cuando se utiliza correctamente. Los estudios clínicos disponibles describen una baja tasa de efectos adversos, especialmente en comparación con otras terapias más invasivas.
Tanto en el caso de la hemoglobina tópica como de los dispositivos de oxígeno continuo, los trabajos publicados en revistas como Journal of Wound Care y International Wound Journal señalan que no se asocia a un aumento significativo de complicaciones, siempre que se aplique bajo supervisión profesional y como parte de un plan de cuidados bien estructurado.
La oxigenoterapia tópica no es una solución milagrosa, sino una herramienta terapéutica con respaldo académico que puede marcar la diferencia entre una herida que permanece estancada y otra que, poco a poco, recupera la capacidad de cerrar.
Como resume Montserrat del Peso, en determinadas heridas crónicas actúa como “ese estímulo metabólico que permite que el proceso de cicatrización vuelva a ponerse en marcha”.
Entender cuándo está indicada permite tomar decisiones informadas y realistas, basadas en evidencia científica y en experiencia clínica.