Cuando una úlcera de pie diabético cicatriza, la presión que la provocó puede seguir presente. La descarga y el calzado terapéutico ayudan a proteger el tejido y prevenir nuevas lesiones.
Cuando una úlcera de pie diabético cierra, la piel vuelve a cubrir la zona. Sin embargo, eso no significa que hayan desaparecido la neuropatía, la deformidad del pie o la presión repetida que originaron la lesión. El tejido recién cicatrizado continúa siendo vulnerable y puede volver a dañarse si recibe la misma sobrecarga al caminar.
La descarga en pie diabético consiste en reducir y redistribuir esa presión mediante dispositivos, plantillas o calzado terapéutico adaptados. Es un tratamiento poco visible porque actúa bajo el pie y dentro del calzado, pero puede resultar decisivo tanto durante la cicatrización como después del cierre.
Por eso, una úlcera cicatrizada se entiende mejor como una situación de remisión que como una curación definitiva. Como explicamos al analizar por qué tratar solo la herida del pie diabético no es suficiente, la prevención debe continuar cuando la piel ya parece recuperada.
Cada paso genera fuerzas sobre la planta del pie. En una persona con sensibilidad conservada, el dolor o la incomodidad suelen hacer que cambie de postura, reduzca la actividad o revise el calzado. La neuropatía diabética puede eliminar esta señal de aviso.
Si, además, existen deformidades, prominencias óseas, callosidades o una forma alterada de caminar, la presión se concentra de manera repetida en zonas concretas. La piel y los tejidos profundos pueden lesionarse sin que la persona lo note.
La descarga busca modificar esa distribución de fuerzas. Dependiendo de la situación clínica, puede recurrirse a:
No existe una solución válida para todos los pies. La elección depende de la localización de la lesión, la circulación, la presencia de infección, la estabilidad de la marcha, las deformidades y la capacidad de utilizar el dispositivo con seguridad.
La cicatrización repara la lesión, pero no corrige por sí sola su causa mecánica. Si el paciente vuelve a caminar con el mismo patrón de apoyo o con un calzado que concentra la carga en la zona vulnerable, el tejido puede abrirse de nuevo.
Las estimaciones recogidas en la bibliografía aportada sitúan la recurrencia de las úlceras de pie diabético alrededor del 42 % durante el primer año, el 58 % a los tres años y el 65 % a los cinco años. Estas cifras pueden variar según las características de los pacientes, la circulación, el seguimiento y las intervenciones utilizadas, pero muestran que el cierre no representa el final del tratamiento.
Un estudio completo del pie diabético permite valorar sensibilidad, perfusión, deformidades y puntos de sobrecarga antes de decidir qué descarga puede ser adecuada.
El calzado terapéutico solo descarga mientras está puesto. Esta idea, aparentemente sencilla, explica una parte importante de las recaídas.
En el ensayo DIAFOS, con 171 pacientes, el análisis global no encontró una reducción estadísticamente significativa de la recurrencia al comparar el calzado con descarga mejorada frente al calzado terapéutico habitual. Sin embargo, entre quienes utilizaron el calzado durante al menos el 80 % de sus pasos, la intervención se asoció con una reducción del riesgo de recurrencia del 46 % (Bus et al., 2013).
El resultado no significa que cualquier calzado a medida reduzca automáticamente las recaídas. Indica que deben cumplirse dos condiciones:
Otros trabajos también han observado que la adherencia disminuye dentro del domicilio, precisamente donde muchas personas realizan una parte importante de sus pasos. Levantarse de la cama, caminar hasta el baño o moverse por la cocina sin la protección indicada puede volver a exponer el pie a la presión o a pequeños traumatismos.
Cuando sea necesario, puede valorarse un calzado específico para interiores que resulte estable, práctico y fácil de utilizar.
No siempre. La etiqueta ‘a medida’ no garantiza por sí sola que la presión plantar se haya reducido en el punto que interesa proteger.
El diseño debe responder a la anatomía, las deformidades, la forma de caminar y la localización de la úlcera previa. Cuando está disponible, la medición de presiones dentro del calzado ayuda a comprobar si la modificación está consiguiendo su objetivo.
La revisión también es necesaria con el paso del tiempo. Las plantillas se deforman, las suelas se desgastan, el pie puede cambiar y el patrón de apoyo puede modificarse. Un dispositivo que funcionaba meses atrás puede dejar de descargar correctamente.
El artículo sobre biomecánica y riesgo de úlceras en pie diabético explica cómo el estudio de la pisada ayuda a localizar sobrecargas que no siempre se observan a simple vista.
Qué se busca en cada fase y qué puede ocurrir si se interrumpe la protección
| Situación | Objetivo | Qué comprobar | Riesgo si se interrumpe |
|---|---|---|---|
| Úlcera activa | Reducir la carga para favorecer la cicatrización. | Localización, infección, circulación, estabilidad y tolerancia. | Retraso del cierre o empeoramiento de la lesión. |
| Úlcera recién cicatrizada | Proteger un tejido que todavía es vulnerable. | Roces, presión residual y recuperación progresiva y segura de la actividad. | Reapertura precoz de la zona. |
| Antecedente de úlcera | Prevenir nuevas lesiones en las zonas de riesgo. | Desgaste, ajuste, presión plantar y uso diario del calzado indicado. | Recurrencia a medio o largo plazo. |
Una úlcera cerrada sigue necesitando protección frente a la presión.

Las revisiones sistemáticas respaldan el uso de calzado terapéutico para reducir la aparición de nuevas úlceras en personas con diabetes y riesgo elevado, aunque la certeza de la evidencia no es igual para todas las intervenciones.
Un metaanálisis de ocho ensayos aleatorizados encontró una menor incidencia de úlceras con calzado terapéutico, con un riesgo relativo de 0,49. No obstante, la efectividad disminuía cuando el uso no se mantenía en el tiempo (Luo et al., 2022).
También se ha observado una menor recurrencia con determinadas suelas rígidas tipo rocker frente a diseños semirrígidos en pacientes seleccionados con neuropatía y antecedente de úlcera plantar (López-Moral et al., 2019). Este resultado no permite recomendar una suela concreta sin valoración: el diseño debe adaptarse al equilibrio, la movilidad y el patrón de presión de cada persona.
Algunos estudios observacionales han encontrado diferencias importantes entre pacientes que mantuvieron la descarga y quienes la interrumpieron, incluso en recurrencias y amputaciones. Estos resultados son relevantes, pero no deben interpretarse como una garantía individual ni como prueba de que el calzado sea el único factor responsable.
La adherencia no depende únicamente de la voluntad. Un calzado pesado, inestable, difícil de poner o poco compatible con la vida cotidiana tiene más posibilidades de quedar apartado.
Por eso, la prescripción debe tener en cuenta:
La educación debe explicar no solo que hay que utilizarlo, sino por qué, durante cuánto tiempo y qué señales indican que necesita una revisión.
En la guía sobre cómo elegir calzado para el pie diabético se detallan los elementos que conviene revisar para evitar costuras, fricciones y zonas de compresión.
La descarga funciona mejor cuando forma parte de una estrategia preventiva completa. Después de la cicatrización conviene:
Estas medidas amplían las recomendaciones incluidas en la guía de prevención de úlceras en el pie diabético.
| Consulta prioritaria: Una nueva lesión, secreción, mal olor, cambio de color o temperatura, o deterioro general requieren valoración clínica. No conviene modificar la descarga por cuenta propia. |
La infección, la isquemia o una lesión no plantar pueden exigir modificaciones importantes del plan. En estas situaciones no conviene adaptar plantillas, recortar callosidades ni cambiar de dispositivo por cuenta propia.
No debe esperarse a que aparezca otra úlcera. La revisión está indicada cuando:
La frecuencia del seguimiento debe individualizarse según el riesgo, los antecedentes y la evolución.
En una unidad especializada no se valora únicamente si la piel está cerrada. Se analiza la sensibilidad, la circulación, el patrón de apoyo, las deformidades, el estado del calzado, la capacidad funcional y las barreras que dificultan seguir el tratamiento.
Si una úlcera ha reaparecido, el calzado deja marcas o existe una zona que se enrojece repetidamente, una valoración en la consulta externa de heridas complejas puede ayudar a identificar qué presión o factor clínico mantiene el riesgo.
Significa reducir o redistribuir la presión que recibe la zona lesionada al estar de pie o caminar. Puede hacerse mediante dispositivos, ortesis, plantillas o calzado terapéutico seleccionado según la situación clínica.
Con frecuencia, sí. El tejido recién cicatrizado continúa siendo vulnerable y la presión que provocó la primera lesión puede mantenerse. El dispositivo preventivo puede ser diferente del empleado mientras la úlcera estaba abierta.
No. Puede reducir el riesgo cuando consigue descargar la zona vulnerable y se utiliza de forma constante, pero no elimina otros factores como la mala circulación, la infección, las deformidades o el control metabólico.
Si así se ha indicado, debe utilizarse también durante los desplazamientos domésticos. La adherencia suele disminuir en casa, aunque allí se acumule una parte importante de los pasos diarios.
No es recomendable. Una adaptación inadecuada puede trasladar la presión a otra zona, alterar la marcha o aumentar la inestabilidad. La descarga debe seleccionarse y revisarse de forma individualizada.
La descarga en pie diabético es invisible porque no actúa directamente sobre la superficie de la herida: modifica las fuerzas que llegan hasta ella. Su eficacia depende de que reduzca realmente la presión, se adapte a la persona y se utilice de manera sostenida.
Cerrar una úlcera es un logro importante, pero conservarla cerrada requiere vigilancia, calzado terapéutico cuando esté indicado y seguimiento. En el pie diabético, la prevención de la recaída comienza antes de volver a dar el primer paso sin protección.
Nota médica informativa: Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye una valoración clínica individualizada. Ante una nueva lesión, signos de infección, cambios de color o temperatura, o deterioro general, solicita atención sanitaria.
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