Hay heridas que no llaman especialmente la atención. No duelen en exceso, no sangran, no desprenden mal olor. Están limpias, bien cuidadas, protegidas con apósitos adecuados… y aun así, no avanzan. Pasan las semanas y la sensación se repite: la herida está controlada, pero no termina de cerrar.
Cuando esto ocurre, es comprensible pensar que el problema está en la piel o en la propia herida. Sin embargo, en muchas heridas crónicas el bloqueo no se encuentra en la superficie, sino en el entorno interno del tejido. Y uno de los factores que con más frecuencia falta en ese entorno es algo tan básico como el oxígeno.
El oxígeno no es un “extra” en la cicatrización. Es una condición imprescindible. Cuando no llega en cantidad suficiente al tejido dañado —algo habitual en heridas de larga evolución— el organismo pierde capacidad de reparación, incluso aunque todo lo demás se esté haciendo correctamente. Desde esta realidad cobra sentido hablar de oxigenoterapia tópica continua.
No como una solución milagrosa ni como un sustituto de otros tratamientos esenciales, sino como una herramienta pensada para mejorar las condiciones biológicas de una herida que se ha quedado estancada.

Cicatrizar no es simplemente “cerrar una herida”. Es un proceso activo y complejo que exige al organismo fabricar colágeno, crear nuevos vasos sanguíneos, movilizar células defensivas y reorganizar tejido nuevo. Todo este trabajo requiere oxígeno.
En una herida reciente, el cuerpo suele ser capaz de aportar el oxígeno necesario. Pero en una herida crónica la situación cambia. La circulación local puede estar alterada, el tejido permanece inflamado durante largos periodos y los pequeños vasos dejan de funcionar con normalidad. El resultado es que el oxígeno no llega con facilidad al lugar donde más se necesita. A esta situación se la conoce como hipoxia tisular.
Cuando el tejido vive durante mucho tiempo con poco oxígeno, la cicatrización se ralentiza o se bloquea. No porque el cuerpo “no quiera” curar, sino porque no dispone de las condiciones mínimas para hacerlo. Por eso, en muchas heridas crónicas, mejorar el aporte de oxígeno no es un detalle secundario: es actuar sobre uno de los pilares de la reparación.
Como explica Montse del Peso, enfermera especialista en heridas complejas de Advance, desde la experiencia clínica diaria: “Hay heridas que están bien tratadas desde fuera, pero cuyo tejido está agotado por dentro. Sin oxígeno suficiente, la reparación no se sostiene en el tiempo.”
Entender esto cambia la mirada. La pregunta deja de ser solo qué apósito usar y pasa a ser qué necesita este tejido para volver a responder.
Cuando se habla de oxígeno en heridas, muchas personas imaginan tratamientos complejos o sesiones puntuales en entornos muy controlados. Sin embargo, los dispositivos de oxígeno tópico continuo responden a una lógica distinta, mucho más adaptada a la realidad de las heridas crónicas.
Estos dispositivos están diseñados para aportar oxígeno directamente sobre la herida, de forma constante y prolongada, durante muchas horas al día. No funcionan por sesiones aisladas ni buscan un efecto inmediato. Su objetivo es mantener un entorno mejor oxigenado de manera sostenida, acompañando al tejido mientras intenta repararse.
En la práctica, son dispositivos pequeños, portátiles y silenciosos, pensados para uso domiciliario. No requieren bombonas ni cámaras cerradas. Toman el oxígeno del aire ambiente y lo conducen hasta el lecho de la herida a través de un apósito específico. El flujo es bajo, continuo y respetuoso con la sensibilidad del tejido.
La clave no está en “dar mucho oxígeno”, sino en no retirarlo. En muchas heridas crónicas, la hipoxia no aparece a ratos: está presente todo el tiempo. Por eso, un estímulo puntual puede quedarse corto. Los dispositivos continuos buscan corregir esa carencia de base, manteniendo oxígeno disponible mientras el organismo realiza su trabajo de reparación.
Montse del Peso lo resume: “Cuando una herida lleva meses sin avanzar, no suele necesitar un empujón puntual, sino condiciones estables. El oxígeno continuo no acelera de golpe, pero permite que el tejido vuelva a tener margen para cicatrizar.”
En la práctica clínica, el concepto de oxígeno tópico continuo se concreta en dispositivos portátiles diseñados para uso domiciliario, que aportan oxígeno de forma constante al lecho de la herida durante gran parte del día.
En España, uno de los ejemplos más utilizados es Natrox®, un sistema de oxígeno tópico continuo que toma el oxígeno del aire ambiente y lo conduce hasta la herida a través de un apósito específico. Se trata de un dispositivo pequeño, silencioso y pensado para acompañar al paciente en su vida diaria, lo que permite mantener un aporte sostenido de oxígeno sin necesidad de sesiones ni equipos voluminosos.
Este tipo de sistemas se emplea sobre todo en heridas crónicas de larga evolución, como úlceras del pie diabético o úlceras venosas que no progresan pese a un tratamiento correcto. Su función no es sustituir otros abordajes esenciales —como la descarga, la compresión o el control de la causa de base—, sino mejorar el entorno biológico del tejido para que esos tratamientos puedan ser más eficaces.
Como subraya Montse del Peso, enfermera especialista en heridas complejas de Advance,
“el oxígeno continuo no es una solución aislada. Funciona cuando se integra en una estrategia completa y cuando la herida realmente lo necesita. No todas las heridas son candidatas, pero en las adecuadas marca una diferencia.”
Otros sistemas de oxígeno tópico utilizados en España siguen esta misma lógica de aporte continuo y prolongado, diferenciándose de los sistemas intermitentes por su objetivo: acompañar al tejido durante todo el proceso de reparación, no solo estimularlo de forma puntual.
Llegados a este punto suele surgir una duda lógica: ¿en qué se diferencian estos dispositivos continuos de otras opciones? La diferencia no está solo en el nombre, sino en cómo y cuándo actúan.
Existen tratamientos de oxígeno tópico que se aplican por sesiones, como las conocidas botas de oxígeno u otros sistemas que envuelven el pie o la pierna en una cámara flexible. Durante un tiempo determinado se introduce oxígeno en ese espacio y, al finalizar la sesión, el dispositivo se retira. Durante ese rato el oxígeno está presente; después, el tejido vuelve a su situación habitual.
Esto no significa que estos sistemas no tengan utilidad. Significa que responden a otra lógica: actúan como un estímulo puntual, no como una corrección mantenida del entorno.
Los dispositivos de oxígeno tópico continuo parten de una idea diferente. En muchas heridas crónicas, la falta de oxígeno es constante, y por eso la respuesta también necesita serlo.
Como aclara Montse del Peso: “Las botas de oxígeno aportan oxígeno durante una sesión concreta. Los dispositivos continuos están pensados para acompañar a la herida todo el día. No hacen lo mismo, ni se usan con el mismo objetivo.”
La idea de que el oxígeno es esencial para la cicatrización no es un concepto nuevo ni una suposición: es una conclusión que se repite de forma consistente en estudios clínicos y revisiones científicas. El oxígeno es necesario para que las células encargadas de reparar el tejido (como fibroblastos o las células que forman nuevos vasos sanguíneos) puedan funcionar de forma eficaz, y la falta de oxígeno persistente —la llamada hipoxia tisular— está asociada con heridas que no avanzan.
Un artículo de revisión sobre terapias de oxígeno tópico para heridas crónicas explica cómo existen diversas formas de administrar oxígeno directamente sobre la herida y discute su impacto sobre la cicatrización, recogiendo evidencia clínica y mecanismos posibles de acción.
Estudios experimentales y clínicos apoyan estos conceptos. Por ejemplo, una investigación encontró que el uso de oxígeno tópico en heridas crónicas estimuló el proceso de cicatrización, observando una reducción significativa del área de la herida y un porcentaje notable de cierre completo en comparación con heridas que no recibieron ese tratamiento.
Una revisión sistemática reciente sugiere que la administración continua de oxígeno directamente sobre el tejido (lo que se denomina terapia de oxígeno transdérmico continuo) puede tener un efecto positivo en la curación de las heridas crónicas en comparación con el cuidado estándar, aunque señala que se necesitan más estudios comparativos bien diseñados para establecer conclusiones definitivas. PubMed
En general, la evidencia apunta a que el oxígeno tópico, y en particular cuando se administra de manera continua y bien indicada, puede ayudar a mejorar la evolución de ciertas heridas crónicas. Esto no significa que funcione para todas las heridas ni que reemplace otras medidas fundamentales, pero sí respalda su uso como parte de un enfoque terapéutico integrado.
“La evidencia no dice que el oxígeno cure todas las heridas, pero sí muestra que puede devolver al tejido una condición básica que muchas veces falta en las heridas que no progresan. Usado con criterio y como parte de un plan completo, puede marcar la diferencia”, resume Montse del Peso
El oxígeno tópico continuo no está pensado para cualquier herida ni para cualquier momento. Su papel aparece sobre todo cuando una herida se ha cronificado y ha dejado de responder como cabría esperar.
Son situaciones en las que la herida lleva semanas o meses abierta, se están realizando curas adecuadas, se utilizan buenos apósitos y se controla la infección si existe, pero la evolución sigue siendo lenta o inexistente.
Esto ocurre con frecuencia en heridas asociadas a problemas de circulación, como las úlceras venosas, o en heridas del pie diabético donde el daño de los pequeños vasos limita la llegada de oxígeno. También puede plantearse en otras heridas crónicas con tejido muy deteriorado o inflamado.
Conviene insistir en una idea clave: el oxígeno continuo no sustituye a los tratamientos esenciales. Si una herida necesita compresión, descarga o control de la causa de fondo, eso sigue siendo prioritario. El oxígeno actúa como un apoyo, no como un atajo.
El oxígeno tópico continuo suele plantearse cuando una herida no progresa pese a un abordaje correcto. No como primer paso, sino cuando el estancamiento empieza a ser evidente.
Si, a pesar de hacer las cosas bien, la herida no reduce su tamaño, el tejido no muestra signos de activación o aparecen dificultades recurrentes, puede ser el momento de valorar opciones complementarias como esta.
Al mismo tiempo, hay situaciones en las que lo más prudente es derivar a una unidad especializada en heridas complejas: cuando existe dolor creciente, sospecha de infección profunda, problemas importantes de circulación o dudas sobre la causa real de la herida. Derivar no significa fracasar, sino afinar el enfoque.