La terapia de presión negativa se ha consolidado como una herramienta relevante en el tratamiento de heridas de evolución compleja. Durante años, su uso estuvo vinculado casi exclusivamente al entorno hospitalario, tanto por las características técnicas de los dispositivos como por la necesidad de un control clínico estrecho. Sin embargo, la evolución de esta tecnología ha abierto la posibilidad de que, en determinados casos, el tratamiento pueda continuar en el domicilio del paciente.
Esta transición plantea una cuestión fundamental, especialmente para personas con heridas crónicas o de cicatrización lenta: ¿es posible utilizar la terapia de presión negativa en casa sin comprometer la seguridad ni la eficacia del tratamiento?

La terapia de presión negativa actúa aplicando una succión controlada sobre la herida mediante un apósito específico conectado a un dispositivo que genera presión negativa de forma continua o intermitente. Su función principal no es cubrir la herida, sino modificar el entorno local en el que se produce la cicatrización.
En heridas complejas, ese entorno suele estar condicionado por la acumulación de exudado, la inflamación persistente y la tensión sobre los bordes, factores que dificultan que el tejido nuevo se forme y se consolide. La presión negativa contribuye a reducir estos obstáculos, favoreciendo un entorno más estable y propicio para la reparación tisular.
El desarrollo de dispositivos portátiles, más silenciosos y manejables, ha permitido que esta intervención deje de ser exclusivamente hospitalaria. Cuando la herida se encuentra clínicamente estable y existe un plan de seguimiento adecuado, el tratamiento puede mantenerse en el domicilio sin perder continuidad asistencial.
Trasladar la terapia de presión negativa al domicilio no significa convertir el tratamiento en un proceso autónomo ni reducir el control profesional. Supone, más bien, adaptar el abordaje clínico al entorno habitual del paciente, manteniendo una supervisión estructurada.
En la práctica, el apósito y el dispositivo son colocados y ajustados por profesionales sanitarios con experiencia en heridas complejas, que definen la presión adecuada y la frecuencia de revisión. La persona convive con el dispositivo durante su vida diaria, pero no modifica los parámetros ni realiza las curas por su cuenta.
Como explica Mercedes Fraile, enfermera especialista en heridas complejas, el seguimiento sigue siendo clínico aunque cambie el escenario: la presión negativa en casa no significa que la herida quede “a cargo del paciente”; lo que se reorganiza es el entorno en el que se desarrolla el tratamiento, no la responsabilidad profesional.
Este modelo permite que la terapia continúe de forma constante, evitando interrupciones innecesarias que pueden retrasar la cicatrización, especialmente en heridas que requieren un manejo prolongado.
Para que este modelo domiciliario sea viable, es fundamental disponer de dispositivos capaces de mantener la presión negativa de forma estable fuera del hospital, sin interferir de manera excesiva en la vida cotidiana.
En la práctica clínica en España se utilizan dispositivos portátiles diseñados específicamente para este entorno, cuya elección depende del tipo de herida, de su evolución y del contexto asistencial en el que se inscribe el tratamiento.
En heridas con exudado bajo o moderado y evolución estable, se emplean con frecuencia sistemas de presión negativa de un solo uso, como los de la gama PICO™, que integran en una unidad compacta el sistema de succión y el apósito específico. Su diseño ligero y silencioso permite mantener el tratamiento sin necesidad de ajustes complejos.
En situaciones de mayor complejidad, con heridas más profundas o con mayor producción de exudado, se utilizan sistemas portátiles reutilizables, como Avance® Solo o 3M™ ActiV.A.C.™, habitualmente integrados en programas de hospitalización a domicilio o seguimiento por unidades especializadas.
Desde la práctica clínica, la elección del dispositivo es siempre una decisión sanitaria. Como señala Mercedes Fraile, no todos los sistemas sirven para todas las heridas: el tipo de dispositivo depende del exudado, de la profundidad de la lesión y de la capacidad real de seguimiento; no se trata de comodidad, sino de indicación correcta.
Más allá del modelo concreto, lo relevante es que estos sistemas permiten mantener la presión negativa de forma constante en el domicilio, favoreciendo una evolución más estable de la herida dentro de un plan terapéutico bien definido.
La posibilidad de utilizar la terapia de presión negativa en casa aporta ventajas que van más allá de la comodidad. Mantener el tratamiento en el domicilio permite reducir estancias hospitalarias, disminuir desplazamientos frecuentes y asegurar la continuidad de la terapia en fases clave del proceso de cicatrización.
Desde el punto de vista clínico, esta continuidad resulta especialmente relevante en heridas crónicas o de evolución lenta, donde las interrupciones pueden comprometer los avances conseguidos. Desde la perspectiva del paciente, permanecer en su entorno habitual reduce el impacto del tratamiento en la vida diaria y facilita una mayor adherencia.
No obstante, el uso domiciliario de la terapia de presión negativa tiene límites claros. La aparición de signos de infección no controlada, sangrado recurrente, aumento significativo del dolor o ausencia de progresión tras un periodo razonable de tratamiento indican que es necesario replantear el abordaje.
En palabras de Mercedes Fraile, cuando una herida no progresa o aparecen signos de alarma, insistir en casa no es una solución; derivar a una unidad especializada a tiempo evita complicaciones y no retrasa la cicatrización, sino todo lo contrario.
La terapia de presión negativa es una de las técnicas más estudiadas en el tratamiento de heridas complejas. Revisiones sistemáticas de la Cochrane Database of Systematic Reviews han mostrado que, en determinados tipos de heridas, puede mejorar el control del exudado y favorecer la formación de tejido de granulación frente a curas convencionales, siempre que se utilice con una indicación adecuada
En el caso de las úlceras por presión, otra revisión Cochrane sugiere beneficios potenciales en la reducción del tamaño de la herida, aunque subraya la necesidad de interpretar los resultados con cautela debido a la heterogeneidad de los estudios disponibles
Las guías y documentos de consenso de la European Wound Management Association (EWMA) reconocen la presión negativa como una herramienta útil en heridas complejas seleccionadas, destacando que su principal aportación es optimizar el entorno local de la herida para facilitar otros tratamientos
Cuando una herida tratada con presión negativa en el domicilio no progresa, empeora o presenta complicaciones, la derivación a una unidad especializada resulta fundamental. Estas unidades permiten una evaluación más profunda de los factores que condicionan la cicatrización y facilitan un enfoque multidisciplinar.
La derivación no debe interpretarse como un fracaso del tratamiento previo, sino como una medida orientada a optimizar los resultados clínicos y reducir el riesgo de complicaciones.
La terapia de presión negativa puede utilizarse en el domicilio, pero solo cuando está bien indicada, se emplean dispositivos adecuados y existe un seguimiento profesional estructurado. No es un tratamiento autónomo ni universal, sino una herramienta que, utilizada en el contexto correcto, permite acercar un tratamiento avanzado al entorno habitual del paciente sin perder seguridad ni eficacia.